La tentación de manipular las estadísticas
ECONOMÍA
La manipulación de las estadísticas oficiales vuelve al centro del debate tras la confirmación de la condena a Guillermo Moreno en Argentina y las recientes revelaciones del libro de Nadia Calviño. El texto alerta sobre cómo gobiernos acosados por la inflación, la pobreza o la pérdida de credibilidad recurren al maquillaje de datos para sostener su relato.
El pasado mes de mayo la Cámara Federal de Casación Penal de Argentina confirmó la condena a Guillermo Moreno por manipular los datos del IPC del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) durante el Gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. El mandato del entonces presidente Néstor Kirchner fue claro, desacelerar el proceso inflacionario y cerrar el ejercicio 2006 por debajo del 10% generando así una percepción de estabilidad económica que no era tal.
Los precios subían, los salarios se revalorizaban de forma ficticia por debajo de los precios y la credibilidad de las estadísticas oficiales de Argentina se diluía entre las presiones políticas y las mentiras. Más que un plan de gobierno era un plan de huida de los problemas que ellos mismos estaban creando. No podían cambiar la realidad social ni la degradación económica del país, pero sí podían manipular a la sociedad para seguir ganando elecciones y empobreciendo a la Argentina mientras los dirigentes seguían imprimiendo billetes y disparando la inflación.
Les funcionó. El kircherismo gobernó la Argentina en 16 de los últimos 22 años (Néstor, Cristina y Alberto Fernández) y en el país que heredó Javier Milei la inflación corría al 25,5% mensual y eran el primer deudor del Fondo Monetario Internacional (FMI). Javier Milei no fue la causa, fue la consecuencia del populismo.
Traigo al recuerdo al infausto Guillermo Moreno tras la publicación del libro de memorias recientemente publicado por Nadia Calviño donde la actual presidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI) asegura que el Ministerio de Economía ayudó al Instituto Nacional de Estadística (INE) para que el Producto Interior Bruto (PIB) de España salga más alto. Desconozco si el INE infravaloraba el PIB de España en sus estimaciones, pero el cambio de criterio, mientras Calviño era Ministra de Economía, trae un aroma a Guillermo Moreno imposible de tapar.
Un Gobierno de España ahogado por casos de corrupción, a la cabeza de la Unión Europea con mayor proporción de niños en riesgo de pobreza o exclusión social (34,6%, más de un tercio del total de la Unión) y con unos ingresos reales per cápita creciendo la mitad que la media de la UE, resulta llamativo que la tabla de salvación del Gobierno sea el crecimiento económico, es decir del PIB. Ese mismo PIB que el Ministerio de Economía ayudó a calcular según la ministra Calviño.
Y es que la tentación de los dirigentes de un país por el relato es fuerte. El relato gana elecciones y permite a presidentes mediocres resistir a pesar de estar en minoría en el parlamento. El problema es el de siempre, la realidad se acaba imponiendo y los ciudadanos ven cómo los euros del bolsillo se evaporan por la subida de los precios y la falta de crecimiento de los salarios reales, digan los institutos de estadística lo que digan, en Argentina o en España.
La tentación de manipular las estadísticas oficiales está ahí, pero lo que diferencia a un país serio y desarrollado son unas instituciones fuertes y resilientes frente a las presiones del gobernante de turno, sea del partido que sea. El kircherismo fue pobreza en Argentina y es el peor espejo en el que se puede reflejar el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Aprendamos de lo que hicieron mal otros para no cometer los mismos errores.
