La creación de un fondo soberano como solución a cualquier cosa.
ECONOMÍAINDUSTRIA
El pasado jueves el Pedro Sánchez anunció la creación de un fondo soberano para entrar en el accionariado de grandes empresas cotizadas con 10.500 millones de euros provenientes de los fondos NEXT y claro, yo, que soy vasco, sufrí un déjà vu al escucharlo.
En primer lugar porque los fondos NEXT eran para transformar la economía y no para comprar asientos en consejos de administración y en segundo lugar porque en 2021, el Gobierno Vasco tuvo la misma idea, lo llamó FINKATUZ y el objetivo era garantizar el arraigo de empresas en Euskadi y evitar su fuga.
Así, en 2022 FINKATUZ entró en el accionariado de ITP AERO, en manos de Rolls-Royce hasta ese momento, en CAF y en KAIKU. Ninguna con riesgo aparente de deslocalización. Tras dos años sin más actividad empresarial por parte de FINKATUZ, hemos tenido que esperar a 2025 para ver nuevas operaciones como la del Grupo Arania (siderurgia), Innometal y Talgo.
¿Existen criterios objetivos para la selección de empresas en las que invertir? No.
¿Existen rendición de cuentas sobre las inversión realizadas? Tampoco.
¿Qué beneficio ha supuesto para los vascos, que somos los que hemos pagado con nuestros impuestos las inversiones en estas empresas por parte del Gobierno Vasco? Pues no está claro.
Y este es precisamente uno de los grandes riesgos de estos fondos gobernados desde la política, la politización de los mismos para favorecer a unos y no a otros. Algo, que todos tenemos muy reciente con, por ejemplo, el rescate de Plus Ultra por parte del Gobierno de Sánchez.
Euskadi entre 2022 y 2025 ha perdido 671 empresas, 359 de ellas industriales, y no parece que la creación del fondo soberano vasco haya supuesto ninguna diferencia al ciudadano. De hecho, a nivel nacional, en el mismo período de referencia, el número de empresas inscritas en la Seguridad Social ha crecido mientras que en Euskadi cae.
La inversión total de FINKATUZ en 7 empresas ha supuesto 274,2 millones de euros, cantidad que podría haberse usado para mejorar la presión fiscal que sufren todas las empresas de Euskadi, las 7 en las que ha invertido FINKATUZ, las 671 que han cerrado y para el resto. Podría haberse hecho pero no se hizo.
España tiene una cartera de inversión en empresas cotizadas valorada en 42.000 millones de euros (4 veces más que la cantidad prometida por Sánchez) y sin haber creado el fondo soberano. Tenemos el 51% de AENA, el 27.99% de INDRA, el 20% de REDEIA, el 10% de TELEFONICA, el 10,36% de EBRO FOODS, el 5% de ENAGAS, el 2,52% de IAG, el 7,8% de TALGO… La lista es larga y como decía, sin haber creado todavía el fondo.
Otra derivada interesante a tener en cuenta es cómo va a crear un fondo soberano Pedro Sánchez con 10.500 millones de euros si ni siquiera ha presentado unos presupuestos para este año, ya de aprobarlos ni hablemos.
Pero volviendo al inicio, lo más grave es usar los fondos destinados a transformar la economía en comprarla. Pero igual el problema es mío, por tomarme en serio los anuncios de Sánchez y no ponerlos en su justa medida, una nueva promesa que será incumplida y ya he perdido la cuenta.
